Elección de la mochila Hay que optar por una mochila de unos 40 litros de capacidad. El tamaño es muy importante ya que, debe entrar todo lo necesario pero teniendo en cuenta que se va a cargar con ella durante muchos días. Debe estar fabricada en Nylon (textura lisa y brillante) o fibra Cordura (más áspera y firme). Debe tener bolsillo laterales o frontales portaobjetos y conviene que tenga también abertura inferior o un módulo superior independiente para facilitar el acceso. Debe tener una correa en la cintura y otra en el pecho, esta última elástica. Las correas de los hombros y el respaldo conviene que sean acolchadas para mayor comodidad. Diseño anatómico para una buena adaptación al contorno de la espalda. Se debe escoger con cuidado ya que un excesivo peso o mala adaptación puede ocasionar problemas y lesiones al caminante.
El peso de la mochila. El peso de la mochila es, a parte de la preparación física, el aspecto más importante a tener presente antes de partir. Es necesario reducirlo al mínimo posible, intentando que no supere el 10% o 12% de nuestro peso corporal. En ningún caso debe exceder los 10 kilos, incluyendo el peso del agua. A pesar de que todos los libros y guías del Camino advierten de este hecho, son muchos los peregrinos que deben facturar a casa parte del material, en algunos casos después de haber recorrido tan solo una o dos etapas. Por lo tanto, debe evitarse llevar nada 'por si a caso'. Además, a lo largo de Camino encontraremos todo tipo de establecimientos donde poder comprar, en un momento dado, aquello que nos sea necesario.
La disposición del material en la mochila. Lo más indicado será ir colocando el material en la mochila separado de forma funcional con bolsas de plástico (que no hagan ruido para no molestar a los compañeros de albergue), y poner las más pesadas en la parte inferior (para mejorar el punto de equilibrio). También nos resultará más cómodo disponer las cosas de tal forma que siempre tengamos la cantimplora y la cámara fotográfica a mano; así no será necesario descargar y cargar la mochila cada vez que queramos beber o hacer una fotografía.
Los bultos deben ir bien juntos para que entre todo y no se mueva la carga debido a los huecos libres del interior. No poner ningún objeto molesto que entre en contacto con la espalda. Un exceso de peso en la parte superior o una mala colocación del saco de dormir hace que la mochila se mueva de un lado para otro. En el fondo hay que colocar los objetos más pesados y rígidos, para dar mayor estabilidad. También la ropa que no vayamos a utilizar en el día. En la parte superior lo que se pueda utilizar en el día como el chubasquero, el cubremochilas, el botiquín, etc. En los bolsillos exteriores la cantimplora, la comida del día, la navaja, la guia, la cámar de fotos, etc.
La sujeción de la mochila. Este es un factor importante para evitar tanto la acumulación del cansancio como la excesiva carga en la espalda y los hombros. Para una correcta sujeción, primero aflojamos al máximo las cintas que se cuelgan a los hombros. Después desplazamos la cinta de la cintura a la altura del hueso de la cadera, teniendo en cuenta que una vez bien apretada nos sea posible tocar con los dedos el hueso por encima de la cinta. Apretamos fuerte esta cinta de la cadera y ajustamos las cintas de los hombros sin tensarlas, de tal forma que podamos poner sin dificultad los dedos entre estas cintas y el cuerpo. De esta forma conseguimos que la mayor parte del peso de la mochila se cargue directamente sobre las piernas, liberando considerablemente la espalda y los hombros.


