Las primeras etapas. Deben ser moderadas, tanto en distancia como en ritmo para ir acostumbrando el cuerpo a la nueva vida itinerante. Hacer 35 ó 40 kilómetros el primer día es fácil; no lo será tanto levantarnos al día siguiente y retomar la marcha. Por lo tanto, son estos 4 ó 5 primeros días los más delicados, y en los cuales es normal padecer dolores musculares, especialmente en las piernas, espalda y hombros.
Los peligros de la carretera. Siempre que andemos por carretera o tengamos que cruzar una, debemos hacerlo con mucha precaución. Hay que tener en cuenta que el peso de la mochila y el cansancio retardan los movimientos en caso de necesitar una reacción rápida. Además, siempre debemos andar por la izquierda para tener a la vista los coches que circulan más cerca de nosotros, y hacerlo cuanto más alejados de la calzada mejor. Afortunadamente, y en especial en el Camino Francés, hay pocos tramos de camino que transcurran por carreteras con tráfico.
Andar de noche. Es poco aconsejable y, en todo caso, se debe llevar ropa reflectante para que los automovilistas vean claramente nuestra posición.
Coche de apoyo. Excepto en el supuesto de un impedimento físico importante, es innecesario y desaconsejable disponer de un coche para transportar las mochilas. El principal motivo es que limita la libertad de decidir en cada momento dónde hacer noche, y la libertad de ir haciendo las cosas según vayan surgiendo sin depender de unos condicionantes que no forman parte del propio Camino. Además, el cuerpo se acostumbra en pocos días a andar con el peso de la mochila y, si éste no es excesivo, no supone un esfuerzo demasiado superior al de andar sin este peso. Como es lógico, en la mayoría de los albergues se da prioridad de plaza a los que van a pie o en bicicleta respecto a los que llevan coche de apoyo.
La señalización. Todo el recorrido está señalizado con flechas amarillas. A veces se añade otra simbología según la comunidad autónoma o provincia. Así pues, es poco frecuente perderse, y aún menos en el Camino Francés. De todos modos, si esto ocurriera, tan solo es necesario un poco de tranquilidad y paciencia hasta reencontrar el camino. Además, en último extremo, siempre habrá alguna carretera que nos permita llegar al siguiente pueblo.
Forma correcta de andar con el bordón Caminar con el bordón puede hacernos menos pesadas las subidas, estabilizarnos en las bajadas, y suponer una importante descarga de peso en cualquiera de los casos. Pero hay que saber una cosa fundamental para que cumpla con esta función, y es la colocación de las manos en cada uno de los casos.
Cuando caminamos sobre el llano el bordón nos ayudará a mantener la espalda recta si colocamos la mano que de sujección justo a la altura del hombro y no lo saltomos al hacer el paso. Para subir y bajar, la mano de sujección irá un poco por encima del hombro.
Según he podido leer, hacer mucho km diarios concentra un volumen inportante de sangre en las piernas y las manos pueden quedarse dormidas, si nos ayudamos a caminar con el bordón evitará también esta incomodidad


